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Un sólo dibujo

Curación
Roberto Fernández
Fechas

Inauguración: Jueves 25 de Noviembre de 19 a 22hs. 

Cierre: 1 de Marzo de 2005

> Productos de Eduardo Stupía

textos

LA VIDA DE UN DIBUJO

“La línea piensa”
Luis Felipe Noé

La vida de un dibujo no es biológica, ni siquiera para las metáforas fáciles. Pero sí puede hablarse de una vida orgánica, física, anatómica; de un cuerpo, de unos miembros, de una epidermis.¿Cómo, cuando empieza la vida de este dibujo?. Su génesis es, por definición, paulatina y sucesiva; la línea, las texturas, las manchas, las pinceladas minúsculas o notorias, construyen sus tejidos, sus capas musculares de sentido y sinsentido, sus células y venas, sus huesos y articulaciones, sus órganos y arterias. Y en la gestación se instaura una lógica constructiva que responde no sólo a la artificial naturaleza de lo que se conoce como arte, sino también a esa naturaleza no universal sino única e intransferible, que es la naturaleza específica de este dibujo. Cada dibujo deviene de las reglas de la naturaleza que lo constituyen, y que él mismo instaura per se, por el solo hecho de ser un dibujo.
Una vez concluido este proceso de gestación, se acepta convencionalmente que el dibujo está “terminado”. Además de una constatación se trata de que alguien ha tomado la decisión de concluirlo, frente a la tentación de seguir agregándole más y más miembros físicos, más y más capas de presunta significación, pese al riesgo de sofocarlo con una sobreabundancia de rasgos que podrían convertir a ese cuerpo nuevo en una maquinaria hipertrofiada; una elegante anomalía, disimulada por el prolijo maquillaje que aportan a veces las ordenadas y estratégicas normativas estéticas.
De cualquier manera, tenemos ahora al dibujo terminado; y es la terminación lo que paradójicamente inaugura su inicio, listo ya para que se la agregue a la ficción gráfica de su peculiar vida “natural” el recorrido de la intervención óptica ajena. El nuevo dibujo concluido inicia ahora la existencia de su segunda naturaleza, de incierto derrotero y dispar fenomenología. La mirada y sus herramientas adyacentes, como la interpretación, la descripción, la clasificación, podrán exaltarlo o disminuirlo, lo contemplarán como se contempla al pasar a un desconocido en la calle o establecerán con él una vinculación cercana, íntima en algún caso; habrá tensión o indiferencia, mudos diálogos absurdos o productivos, inevitables derivaciones a referencias históricas, ideológicas, estéticas, personales; generará caprichos y embelecos, efectos falsos y espejismos de todos los colores, podrá eventualmente ser útil o inerte.
El dibujo está ahí con su implícita vida analógica, desde donde se detectan primero sus características y cualidades de manera inevitablemente global; el dibujo es inexorablemente un todo. Su esbozo inicial de supervivencia se sostiene en esa primera conclusión como totalidad. La cuestión es ahora saber, o ensayar, o especular con qué clase de vida nueva tendría en cada una de sus partes, porque se supone que si el cuerpo del dibujo es alguna forma de vida también lo son cada una de sus partes. Como si lo radiografiáramos fragmento a fragmento para encontrar una nueva hipótesis ( es una radiografía que va hacia adentro, pero es un adentro que ha estado siempre en la superficie ), un nuevo rumbo en el interior del rumbo revelado, conocido, una puerta allí donde sólo había un muro, agua allí donde había sólo piedra.
Se traza una grilla arbitraria, una subdivisión cualquiera y se avanza con ella, dentro de ella, como sugiriendo a la mirada una aproximación mecánica a una nueva trama ( en el sentido gráfico y también de ficción argumental ) que está dentro del cuerpo anatómico del dibujo pero como otro cuerpo, constituido por la gratuita parcialidad del encuadre que define las nuevas leyes físicas de un nuevo plano recortado, una diferente combinatoria de los miembros anatómicos del dibujo original que no obstante conservan su emplazamiento fijo. Si hay vida en el dibujo es la misma y es otra en cada uno de estos azarosos fragmentos. Se han extraído algunas partes, algunas muestras de tejido, y se las ha colocado, como cultivos, bajo un laboratorio forzado, arbitrario. Una operación que pretende saber hasta cuando puede eventualmente efectivamente seguir viviendo este dibujo.
Este dibujo: tramas lineales, filigranas, rizomas, puntos, manchas, coágulos netos, que ceden a esquivos escenarios y situaciones pseudo-narrativas. La palpitación evolutiva de la tinta que construye redes, veladuras y transparencias sin grises ni aguada, apegada a las operaciones de un estricto negro sobre blanco. El gesto que es sólo de los dedos, la muñeca y la mano en relación estrecha con el cuerpo del pincel y del portapluma. Las eventuales evidencias de figuración avanzan, retroceden, se despliegan, se esfuman, o bien se asumen indistintamente como mero registro iconográfico, como resonancia de un nombrar que es elocuente y elusivo a la vez. La escena se elabora centímetro a centímetro; a veces escasamente controlada, a veces extremadamente trabajada. La legibilidad va y viene, del detalle a las partes, de las partes a la suma de las partes. El tema es el dibujo, las evoluciones sobre si mismo.

EDUARDO STUPÍA


 


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